Antes de que existiera internet como lo concebís hoy día, los medios de comunicación en mi sector (los videojuegos) eran las revistas.
No había YouTube. No había Twitter. No había 400 webs compitiendo por ser las primeras en publicar un titular. Había revistas. De papel. Que olían a tinta y a ilusión.
E ibas al kiosko. Todas las semanas. A buscar tu revista. No para leerla, que pocas veces la leías entera siendo honesto. Ibas para saber qué putos juegos iban a llegar y cuántas veces debías hacerle la pelota a tu madre para que te lo comprara.

Esos eran los medios de comunicación del videojuego. Una revista, unas capturas de pantalla (que probablemente estaban retocadas, pero eso no lo sabíamos), una preview de dos páginas que te leías 47 veces, y la ilusión de esperar al siguiente número para saber si habían puesto nota al juego que querías.
Eran tiempos muy buenos, la verdad.
Lo que tenemos hoy
Hoy día con solo un mensaje tienes a la IA que te hace un resumen. A 200 youtubers cubriéndote el mismo evento con el mismo título, la misma miniatura y las mismas opiniones que no son opiniones sino reacciones fabricadas para el algoritmo. Y luego están los que más asco me dan (con perdón): los compañeros de sector con 400 noticias con clickbait que cuando las abres tienen más anuncios que los directos de Knekro. Es broma, loquete.
Pero no es broma del todo.
¿Habéis leído últimamente «noticias» de videojuegos? Os voy a decir lo que os encontráis si buscáis información sobre cualquier evento, cualquier lanzamiento, cualquier anuncio:
Las primeras, hechas rápidas para ser los primeros en publicar. Probablemente generadas con un «Gemini, escríbeme un artículo del Summer Game Fest» y publicadas en 4 minutos sin ni siquiera releerlas. Sin criterio. Sin alma. Sin una sola opinión personal del redactor (porque no hay redactor, hay un prompt). Tú las lees y sientes que estás leyendo un manual de instrucciones de una lavadora. Información sin personalidad, sin pasión, sin el más mínimo interés en que tú como lector sientas algo.
Las segundas, un poco mejor escritas pero con más clickbait que los vídeos de «REVIEW 100% HONESTA» (que luego honesta tiene poco porque el tío ha jugado tres horas y te vende el juego como si le fuera la vida en ello). Titulares diseñados para que hagas click, no para informarte. «NO VAS A CREER LO QUE ANUNCIÓ SQUARE ENIX», «ESTE JUEGO VA A CAMBIAR LA INDUSTRIA PARA SIEMPRE», «EL ANUNCIO QUE HA DEJADO A TODOS EN SHOCK». Abres el artículo y resulta que el «anuncio que ha dejado a todos en shock» es que han confirmado un DLC de un juego que nadie está jugando.
Y las terceras, que bueno, son algo mejor en contenido, pero entras a leerlas y en vez de leer la noticia terminas instalándote el Aristoputas y no sabes ni cómo ha pasado. Anuncios por todos lados. Pop-ups. Vídeos que se reproducen solos. Banners que te tapan el texto. Cookies que aceptas sin leer. Y entre tanto ruido publicitario, la noticia real queda enterrada en el séptimo párrafo debajo de tres banners de casinos online y una oferta de vpn.
Eso es el periodismo de videojuegos en 2026.
El problema de fondo
Pero el problema no son solo los videojuegos. Es el periodismo en general.
Me da pena el rumbo que ha tomado la industria del periodismo. Me da pena de verdad. Porque cuando veo que noticias como «Auron se ha cagado encima» o «Ibai toma Ozempic» son titulares reales en webs que se supone que son medios de comunicación serios, algo se ha roto de forma irreparable.
No estoy exagerando. Eso EXISTE. Esos titulares SON reales. Y generan millones de visitas. Y esas visitas se convierten en publicidad. Y esa publicidad paga a las personas que escriben esos titulares. Y esas personas cobran más que cualquier periodista de investigación serio que lleve meses currándose un reportaje de verdad.

El modelo de negocio del periodismo moderno se basa en una cosa y solo una cosa: generar clicks. Ni informar, ni analizar, ni na da pena y por su puesto mucho menos respetarte a TI como lector. Porque cada click es un anuncio visto. Y cada anuncio visto es dinero.
Y en ese modelo, un titular honesto como «El Summer Game Fest 2026 ha sido sólido, con varios anuncios interesantes» pierde contra «EL SUMMER GAME FEST HA SIDO UNA LOCURA ABSOLUTA QUE HA CAMBIADO LA INDUSTRIA PARA SIEMPRE». Porque el segundo genera más clicks. Y por tanto, más dinero. Y los dos son mentira.
Me dais asco. Con perdón. Pero me dais asco.
Por qué me importa esto personalmente
Yo soy un tío de Jerez que hace vídeos y escribe artículos sobre videojuegos porque me apasiona este mundo. No tengo un equipo de 20 personas. Ni tengo un departamento de SEO. No tengo a una IA generándome 47 artículos al día para posicionar en Google. Tengo mi canal, mi web, mi opinión y mis ganas.
Y cada vez que publico algo, me hago la misma pregunta: ¿estoy siendo honesto con la gente que me lee? ¿Estoy dándoles algo que merece su tiempo? ¿O estoy haciendo lo mismo que los demás, solo que con menos presupuesto?
Porque esa es la tentación real. No os voy a mentir. La tentación existe. Cuando ves que un vídeo con un título exagerado hace 50K views y tu vídeo honesto hace 500, la tentación de vender el alma está ahí. Cuando ves que un artículo clickbait posiciona primero en Google y tu artículo currado queda en la segunda página, la tentación está ahí.
Y hay días que cuesta. Hay días que te preguntas si merece la pena.
El kiosko vs el algoritmo
Lo que echo de menos no es la revista en sí. Las revistas tenían sus defectos (notas compradas, previews infladas, publicidad encubierta). No voy a idealizar el pasado.
Lo que echo de menos es la intención.
La intención de un periodista que se sentaba a escribir una preview porque había jugado al juego y tenía algo que decir sobre él. La intención de un medio que publicaba una vez al mes y por tanto CADA artículo tenía que merecer la pena. La intención de un lector que compraba la revista porque confiaba en las personas que la escribían.

Hoy no hay intención. Hay algoritmo.
El algoritmo decide qué se escribe. El algoritmo decide qué título poner. El algoritmo decide cuántos artículos publicar al día. El algoritmo decide si tu contenido merece ser visto o no. Y el algoritmo no tiene criterio. No tiene alma. No tiene opinión. Solo tiene números.
Y los medios se han adaptado al algoritmo en vez de adaptarse al lector.
Lo que yo hago (y lo que no voy a hacer)
Quizás yo no llegue a ningún lado con esto. Es posible. Es probable, incluso. Un tío de Jerez con un canal de menos de mil suscriptores no cambia la industria del periodismo. Lo sé.
Pero sinceramente, prefiero ser fiel a mí mismo y reinventarme antes que sucumbir al FOMO y a engañar a la gente.
Prefiero escribir un artículo honesto que lea poca gente a escribir un clickbait que lea mucha. Prefiero decir «este juego es un 6, tiene estas cosas buenas y estas malas» a decir «JUEGAZO IMPRESCINDIBLE QUE TIENES QUE JUGAR SÍ O SÍ» porque así hago más views.
Prefiero tardar dos horas en verificar un dato antes de publicarlo a ser el primero en dar una noticia con errores. Prefiero que mis artículos tengan mi voz, mis defectos y mi criterio a que parezcan escritos por una IA sin personalidad.
Y prefiero tener 500 lectores que confían en lo que escribo a tener 50.000 que saben que les estoy mintiendo.
A los que me leéis
Si estáis aquí, si habéis llegado hasta este punto del artículo, es porque algo de lo que digo os resuena. Y eso significa más de lo que pensáis.
Porque cada persona que elige leer un artículo honesto en vez de un clickbait está votando con su tiempo. Y el tiempo es la única moneda que no se puede fabricar.
No os voy a prometer que voy a cambiar la industria. No puedo. Pero sí os prometo que mientras este rincón exista, vais a encontrar lo mismo que encontrabais en aquel kiosko hace 20 años: alguien que de verdad quiere contaros algo sobre videojuegos porque le apasiona hacerlo. Sin IA generando mis textos. Sin titulares diseñados para engañaros. Sin 47 anuncios entre vosotros y la información.
Solo yo. Mi opinión. Y los videojuegos.
Que es lo único que debería hacer falta.




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